domingo, 23 de junio de 2013

Gustavo Tisocco

Gustavo Tisocco nació en Mocoretá -Corrientes- el 25 de octubre de 1969.  Tiene publicados ocho libros “Sutil“, “Entre soles y sombras“, “Paisaje de adentro“, “Desde todos los costados” , “Pintapoemas”, “Cicatriz”, “Rostro ajeno” y “Terrestre” además cuatro CD “Huellas“, “Intersecciones”, “Corazón de níspero” y “Terrestre”.

Ha participado en diversas antologías en el país y diferentes partes del mundo. Su poesía ha sido traducida al portugués, francés, catalán, italiano, inglés y alemán.

 dirige http://mispoetascontemporaneos.blogspot.com
 http://mispoetascontemporaneos2.blogspot.com
(Este mes arriba a su séptimo aniversario)

Su blog personal:
http://poemasdegustavotisocco.blogspot.com
http://videopoemasdegustavotisocco.blogspot.com/
Para comunicarse con el autor poetaypoesia@hotmail.




A Nemat Safavi Niño iraní condenado a muerte en Irán por su elección sexual























                  Confluencia.  


Y te llevarás
parte de mi, de él, de muchos
y juntaremos los huesos
y será una revolución
amar después del vendaval.

¿Existirá Dios?

¿ Habrá un cielo para los que defendemos
las puertas abiertas,
los jardines, las hormigas?

Y será después de ti
que se percatarán de la niebla
aquellos que sólo habitan sitios de sol,
aquellos que con rezos piensan llegaron al paraíso.
que aplauden cuando el águila devora a su presa.

Nosotros que convivimos con las sombras
-también sabemos del sol-
y caminamos despacio pero avanzando a pesar de las cadenas
y de las miradas
que son minas en un campo verde,
pero no nos explotarán los pies,
extenderemos las alas.

Nemat estaremos contigo
los que amamos las flores.























La mesa servida de  Eduardo Carnero


Olor a sopa en la cocina,
en la casa toda,
en el patio.

Y ellos que vuelven
que acarician
que delinquen de nuevo sobre mi risa.

Olor a sopa
y en ese hervor la abuela,
el tío que se ha ido,
los niños con los pies en el barro.

¿Retornaré también alguna vez
con aroma a ajo, cebolla y magia?
























Amo a un hombre pez,
un hombre marino,
acuático como las algas, como la sal.

Habita en las profundidades oscuras de todos los naufragios,
a veces llora
terriblemente solo allá abajo,
en otras baila en salones transparentes, torrentosos.

Yo amo a ese hombre pez
de cuerpo brillante/filoso,
de un mirar constante/horizontal.
Un hombre que me cuenta eternas leyendas,
que me canta con su voz de espuma
y me abraza como puede.

Yo amo a un hombre pez
y soy hombre terrestre.

Me condena la asfixia.
Lo condena mi aire, mi mundo de pájaros,
mi universo de redes, de anzuelos.

Me mira desde la superficie apenas sumergido
lo miro desde mi oxígeno
al límite extremo del ahogo
y nos besamos apenas un instante,
ínfima eternidad habitando en la apnea.
















Apenas de niños Arielito
supimos de la muerte.

Yo descubrí
el dolor inexplicable
de la ausencia,
hasta de lo injusto que pareció ser Dios
cuando un océano
de llanto lo mantuvieron inmutable.

Y te recuerdo blanco y frágil
acostado en la mesa
en un cofre como de flores,
inmóvil y sediento
oliendo a café
-porque las vecinas no querían
que la muerte te vista con su aroma-
y te adornaron con los granos marrones y amargos
con los que asocio hoy a la tristeza.

Tú, el niño muerto
que me mostraste de niño a la muerte,
que ahora dormís solito y quieto debajo de los sauces
¿me recuerdas?
¿estás muy solo allá?
¿quieres retornar?

Ariel acá el tiempo pasa
y ya perdí al niño
y encontré a este hombre resignado que soy,
acá cambió el paisaje,
la forma de vestirme,
las promesas.

Acá olvidamos,
comemos y dormimos
y andamos en auto bus
y nos miramos apenas
como sobrevivientes de un presagio que nos ronda.

De niños Arielito supimos de la muerte
a ti te tomó por sorpresa
sin poder esconderte,
a mí me dejo marcado
para que la escriba.



















Llora la niña
que carga a la niña
llora el caballo
que carga ambas tristezas.

Lloran pues gritar no pueden,
no pueden con la carga,
no pueden con el daño.

De tanto llorar los tres
se nos inundó el cielo.



















Me gustan los hombres tristes porque tienen historias.
Cuando estoy con un melancólico sé que no hay disfraces, que desde la fragilidad afloran, como un vino añejo, las suaves palabras, las miradas como océanos cabalgando en mis arenas. Un hombre triste enseña sus heridas, también las cicatrices. Sabe que fue un niño corriendo entre las piedras, sabe que creció y aunque es castillo todavía le gustan las mañanas y los grillos.
Esos hombres liberan gorriones cuando hablan, son como plantitas de menta que parecen ínfimasm pero tienen el aroma de la vida entre sus tallos. Les gusta viajar también subirse a la noche que es su morada donde escribe los cansados pájaros.

Me gustan los hombres tristes porque tienen historias.

Son ellos los que se percatan del viento entre las ramas, del sonido tenue del silencio, de las glicinas. Se persignan porque creen aunque les duelan las constantes condenas. No hablan, escuchan, te miran, te palpan. Los hombres como ellos descubren tesoros que escondemos en la isla y acarician la vejez que duele en el rostro. Tienen los pies cansados pues la vida es cansancio un bello cansancio y se agitan cuando aman. Los hombres así son como bosques que nos doblegan, son gotas de lluvia, son oasis.

Me gustan los hombres tristes porque también soy triste aunque disimule la tragedia habitando mi casa. 







4 comentarios:

Anónimo dijo...

Todavía no tengo Terrestre en mi poder (imperdonable) entonces la poesía de Gus se me adentra como lluvia, tantas palabras, tantas imágenes, tantas sensaciones que conmueven, que emocionan, que me llevan de aquí para allá. Es tan disfrutable todo que estoy con el corazón palpitando fuerte en este mediodía. GRACIAS ESCARABAJOS.

Lily cHAVEZ

Gustavo Tisocco dijo...

Mil gracias Escarabajos queridos, es un honor estar en esta maravillosa revista. Abrazos, Gus.

Sonia Quevedo dijo...

Mientras se recuperan los ojos, acaricio a la tristeza sintiendo cómo el enorme amor sonríe y al abrazo, estrechar fuerte a los amigos.
Gracias Ricardo, gracias Gus.

Ricardo Juan Benítez dijo...

Parece contradictorio, pero no lo es... en este mundo digital, frío y perfecto se percibe la calidez de los amigos, la incorrección política de los sentimientos. Nuestros queridos todos: gracias, un abrazo virtual y afectuoso: Andrea y Ricardo

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GRACIAS POR TU COMENTARIO -EL ESCARABAJO LITERARIO-